SAN GERARDO MARIA MAIELLA

SAN GERARDO MARIA MAIELLA Pío IX calificó a San Gerardo de «perfecto modelo de los hermanos coadjutores» y León XIII dijo que había sido «uno de los jóvenes angelicales más grandes que Dios haya dado a los hombres como modelo». En sus veintinueve años de vida llegó a ser el más famoso taumaturgo del siglo XVIII. Nació en la ciudad de Muro a unos 70 kilómetros de Nápoles, el 23 de Abril de 1726. Sus padres fueron, Domingo Mayela y Benita Galella. Se ganaban la vida trabajosamente en el oficio de sastres. Era el último de cinco hermanos, dos hombres y tres mujeres. A la muerte de su padre debió abandonar la escuela y entró a trabajar como aprendiz de sastre. Quiso entrar con los Capuchinos donde tenía un tío fraile, pero fue rechazado por su juventud y sobre todo por su delicada salud. Cuando tenía 23 años, los Redentoristas predicaron una misión en Muro y el joven rogó al Padre Cáfaro que lo admitiese en la Congregación como hermano, pero su aspecto enfermizo no le ayudaba; ante la insistencia de Gerardo, el Padre Cáfaro lo envió a Deliceto con este mensaje: «Os envío a este hermanito inútil». San Alfonso, el fundador, comprendió pronto que era un Santo y le acortó el tiempo del noviciado, e hizo la profesión religiosa en 1752.

Durante los tres años que vivió después de la profesión, el santo trabajó como sastre y enfermero de la Comunidad. Solía también pedir limosna de puerta en puert

a. Los Padres misioneros gustaban llevarlo a sus misiones y retiros, porque poseía el don de leer en las almas. Se cuenta más de veinte casos en los que el santo convirtió a los pecadores, poniéndoles de manifiesto su oculta maldad. Uno de los resultados más sorprendentes de su fama de santidad, fue el que sus superiores le permitieron encargarse de la dirección espiritual de varias comunidades de religiosas, lo que no acostumbraban hacer los hermanos coadjutores. Además, aconsejaba por carta a varios sacerdotes, religiosas y aún superiores. Se conservan algunas de dichas cartas.

Los últimos meses de su vida los pasó pidiendo limosna para la construcción de la casa de Caposele. Pero el calor excesivo del verano minó rápidamente su salud. Llegó al convento casi a rastras. Sus últimas semanas fueron mezcla de sufrimientos y éxtasis y también cuando sus dones de profecía y ciencia infusa, alcanzaron un grado extraordinario. Murió en la fecha y hora que había predicho. Poco antes de la media noche del 15 de octubre de 1755 entregó su alma a Dios. Fue canonizado en 1904.